Para mí es muy gratificante participar en cenando con Jesús.

Para mi es una gran oportunidad de llegar a varios lugares y a todo tipo de personas para brindarles un tiempo de amor.

Es una gran puerta abierta donde podemos entrar con libertad, dejando afuera todo tipo de prejuicios, preconceptos, religiosidad, egoísmo etc.

Hace tres años que participo, y cada año lo hago en lugares diferentes, y cada experiencia es distinta, es emocionante ver y sentir el gozo y la alegria atraves de cada una de las personas, atraves de sus mirada sonrisa, podemos ver como ellas se sienten feliz e importante.

Para mí es emocionante poder servir a cada unas de estas personas no solo un plato de una buena comida, es una oportunidad muy especial de demostrar el amor de Dios, poder abrazarlas, orar, bendecirlas, decretar sobre sus vidas poder, sanidad, prosperidad, etc....

Me emociono cuando veo que este proyecto del reino que nació en el corazón de una persona a cada año se extiende en gran manera cruzando las grandes fronteras como mí país (BRASIL).

Cenando con Jesús no será conocido solo como un acto de solidaridad, mas sí como una marca, porque a cada una de estas personas que tuvimos el privilegio de servir, como los ,ancianos, niños, viudas, presidiarios, huérfanos mendigos, enfermos, etc.

Estoy segura que cada uno de ellos quedaron marcados y un día, en cualquier lugar, ellos contarán que la navidad mas importante de sus vidas fue cuando JESUS VINO A CENA CON ELLOS.

Este año iremos por mas que estemos dispuestos a extender nuestras manos llevando el reino de Dios a todos.

Suely Pinto



Cenando con Jesús es una experiencia de amor y servicio a la gente. Pudimos ver la sonrisa de una familia y de un barrio, disfrutar de una Navidad diferente.

Y nosotros como familia hacer lo que Cristo haría si estuviera en nuestro lugar.

Familia Goroso Chavez



Cenando con Jesús para mí fue inolvidable, ver tantos niños abrazandome y agradecidos por el simple hecho de compartir con ellos un pedacito de nuestro tiempo. Por una sonrisa de ellos vale la pena.

Natalia Ayala



Puedo definir la Navidad del 2007 sin dudas como la mejor Navidad de mi vida, compartir Cenando con Jesús con los niñitos del Hogar Juan Pablo II fue una experienca única y maravillosa.

La sonrisa y la gratitud de cada uno de esos chiquitos me llenó de amor a cada segundo que pasamos juntos. Me dí cuenta de que dar un poquito de mi tiempo y compartir lo que tengo puede hacer una gran diferencia en la vida de los demás, y estoy segura de que recibí mucho más de lo que dí.

Noemí Figueredo



En el 2007 tuve la hermosa oportunidad de compartir nuevamente CENANDO CON JESÚS, y participé en dos Hogares: Hogar ADELFOS ÑANDE JHARA y el Hogar ABRIGO REFUGIO DE LA COMPASIÓN, pero uno en especial me impactó, fue el Hogar ABRIGO REFUGIO LA COMPASIÓN , ubicado en la ciudad de Limpio, donde habitan niños quienes provienen de hogares con problemas, como ser, padres alcohólicos, madres solteras, algunos son derivados allí por orden judicial, todo esto me conmovió e hizo que me interiorice con el problema de cada uno y con las personas que me acompañaron el día de la cena. Pude notar que los niños estaban carentes no sólo de bienes materiales, sino de cariño, por lo que considero que sería interesante realizar actividades como CENANDO CON JESUS no sólo una vez al año, porque es la forma que tenemos de acercarnos a esas personas necesitadas de afecto y de palabras de fé y apoyo.

Con esta actividad el Señor tocó mi corazón, sensibilizandome aún más ante los problemas y carencias de los demás, también me hizo valorar lo que tengo, mi familia, la vida digna que llevo, y sobre todo el amor del Señor hacia mí y mis prójimos. Doy gracias a Dios por la experiencia vivida, porque me mostró que soy útil, y que puedo dar mucho de mí para ayudar a otros.

María Ramona Valdez Estigarribia



Participar en la campaña en años anteriores me dio la grata experiencia de deleitarme en la verdadera navidad, compartiendo y sirviendo a Jesús vivo en las personas menos privilegiadas en lo económico o en otros aspectos, pero infinitamente amadas por Dios. Jesús fue más que una figura en el pesebre, estuvo en la sonrisa de los niños, en el rostro gozoso de unos padres de familia recibiendo una cena para compartir con sus hijos. Dar fue mejor que recibir, entre bombas, licor y regalos, lo más lindo y pintoresco que recuerdo de esos días no son las luces ni nada pomposo, sino la paz en medio del ruido, el sentimiento de satisfacción y alegría que queda después de ocuparse de otros. Y así, terminada la labor, todo el resto se disfruta más, la comida es más sabrosa, la compañía más amena, y todo lo demás, todo lo superficial y vano pasa a un tercer plano. La recompensa es mucho mayor que lo que se pueda invertir.

Samira Salomón