Para mí es muy gratificante participar en cenando con Jesús.
Para mi es una gran oportunidad de llegar a varios lugares y a todo tipo de personas para brindarles un tiempo de amor.
Es una gran puerta abierta donde podemos entrar con libertad, dejando afuera todo tipo de prejuicios, preconceptos, religiosidad, egoísmo etc.
Hace tres años que participo, y cada año lo hago en lugares diferentes, y cada experiencia es distinta, es emocionante ver y sentir el gozo y la alegria atraves de cada una de las personas, atraves de sus mirada sonrisa, podemos ver como ellas se sienten feliz e importante.
Para mí es emocionante poder servir a cada unas de estas personas no solo un plato de una buena comida, es una oportunidad muy especial de demostrar el amor de Dios, poder abrazarlas, orar, bendecirlas, decretar sobre sus vidas poder, sanidad, prosperidad, etc....
Me emociono cuando veo que este proyecto del reino que nació en el corazón de una persona a cada año se extiende en gran manera cruzando las grandes fronteras como mí país (BRASIL).
Cenando con Jesús no será conocido solo como un acto de solidaridad, mas sí como una marca, porque a cada una de estas personas que tuvimos el privilegio de servir, como los ,ancianos, niños, viudas, presidiarios, huérfanos mendigos, enfermos, etc.
Estoy segura que cada uno de ellos quedaron marcados y un día, en cualquier lugar, ellos contarán que la navidad mas importante de sus vidas fue cuando JESUS VINO A CENA CON ELLOS.
Este año iremos por mas que estemos dispuestos a extender nuestras manos llevando el reino de Dios a todos.
Suely Pinto
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Participar en la campaña en años anteriores me dio la grata
experiencia de deleitarme en la verdadera navidad, compartiendo y
sirviendo a Jesús vivo en las personas menos privilegiadas en lo
económico o en otros aspectos, pero infinitamente amadas por Dios.
Jesús fue más que una figura en el pesebre, estuvo en la sonrisa de
los niños, en el rostro gozoso de unos padres de familia recibiendo
una cena para compartir con sus hijos. Dar fue mejor que recibir,
entre bombas, licor y regalos, lo más lindo y pintoresco que recuerdo
de esos días no son las luces ni nada pomposo, sino la paz en medio
del ruido, el sentimiento de satisfacción y alegría que queda después
de ocuparse de otros. Y así, terminada la labor, todo el resto se
disfruta más, la comida es más sabrosa, la compañía más amena, y todo
lo demás, todo lo superficial y vano pasa a un tercer plano. La
recompensa es mucho mayor que lo que se pueda invertir.
Samira Salomón
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